"Serie Negra" de Lorenzo Ugarte

La Galería Ra del Rey te invita a la inauguración de la exposición:

 "Serie negra" 
de Lorenzo Ugarte 
(1926-1992)

Domingo 21 de mayo a las 12:00 h.

C/Reina 11. Metro: Gran Vía o Chueca




LA OBRA OCULTA DE LORENZO UGARTE

Lorenzo Ugarte, tiene etapas aún desconocidas por el público, como la presente muestra, en la que se exponen por primera vez, lo que él llamaba cuadros negros.

Para entender esta etapa negra de Lorenzo hay que ubicarle en la situación histórica, social y personal que estaba viviendo. Ugarte trabajó en diagramación o maquetación, en el periódico YA, propiedad de la Iglesia, en concreto de Acción Católica.

La década del setenta al ochenta estuvo llena de acontecimientos terribles (1) pero el drama que más alcance tuvo, al menos a nivel popular, fue la guerra del Vietnam, que dura casi veinte años y termina en 1975. La segunda guerra mundial deja una Alemania vencida, devastada y dividida, y el ambiente de postguerra lo refleja magníficamente el escritor alemán Heinrich Böll, que será premio Nobel en 1972, y que una de sus obras influye profundamente en el ánimo de Lorenzo, Opiniones de un payaso, que en España se publica en 1973.

La sociedad en general acusa los efectos de la postguerra, ya sea la propia o la ajena, es una sociedad que sufre la escombrera de las ciudades, la escasez de alimentos y el miedo,… H. Böll  la llama “edad de la prostitución”. Y Lorenzo, añadido a todo esto, sufre la presión en su propio trabajo, donde ve el abuso del poder ejercido por miembros de la Iglesia con descaro, hipocresía y total impunidad.

En Opiniones de un payaso el protagonista es el payaso Hans Schnier, hijo de un acaudalado alemán que no se inmuta al ver a su hijo en la indigencia y que calla las atrocidades vistas y sufridas (la muerte de su hija que él y su esposa envían voluntariamente a la guerra, que el otro hijo se haga religioso en vez de seguir el negocio familiar, la utilización de los niños a través de la educación manipulada, etc.)   

La esposa de Lorenzo, Marianne Paul -perfecta compañera para un artista- es alemana, y de noche ambos leían y comentaban la obra de Böll. Los problemas económicos y sociales, la represión política y religiosa y la presión laboral que sufre a diario influyen definitivamente en su ánimo, lo que le lleva a casi una década de depresión y retraimiento, pues esta serie negra se realiza de 1972 a 1978, y sólo cuando ha sacado todo el desengaño y dolor que lleva dentro, empieza a ver la luz y comienza a trabajar en los cuadros matéricos y objetuales y a introducir de nuevo el color, sobre todo el azul y el carmín. Esta serie fue el calvario o descenso a los infiernos que le sirvió de catarsis y regeneración. Los cuadros carecen de título y fueron los únicos de su producción que no quiso nunca exponer, y tampoco destruyó ni pintó sobre ellos, como hacia con frecuencia.

En esta figuración los soldados visten a la manera de las guerras tradicionales, y como arma llevan el fusil con la bayoneta calada. Las sogas de esparto y las alambradas representan la opresión y la falta de libertad, y como signos religiosos pinta: la biblia, la cruz como madero de sacrificio o emblema, el sacerdote, el cáliz recogiendo la sangre de un condenado… La cruz, máximo símbolo del cristianismo, es instrumento de tortura que implica la condena a la Iglesia Católica, como consentidora o cómplice de las masacres de las guerras y de tantas injusticias.

Los poderosos y los hombres falsamente importantes, están representados siempre bien vestidos con chaqué, frac y condecoraciones, y alimentados en exceso, como contraste a los indigentes, los oprimidos, los rebeldes y los perseguidos, que están famélicos hasta poder contárseles los huesos que apenas les sostienen.

Son cuadros pintados al óleo, donde casi no hay colores, están: el azul atemperado de las medallas y las bandas de honor; los cascos de los soldados en azul turquesa o verdiazul y el carmesí del ecce homo, con número de prisionero, en quermés o grana; y habría que resaltar el amarillo y el rojo, y sobre todo el blanco y el negro.

 El rojo de la sangre es rojo vivo, pluma de loro o bermellón. El amarillo de las sogas, que ejercen de prisión, a veces diluido, y el amarillo vivo del cabello de algún poderoso y siempre el del payaso y su trompeta, en amarillo cadmio o cromo claro, amarillo gualda, flor de retama o de piorno, amarillo maduro limón o estopa de espantapájaros. El blanco de las vendas, que cubren las heridas y a veces abarcan todo el cuerpo, no es un blanco puro y menos aún la piel de los cuerpos que es blanco cebolla o pergamino, blanco de ostra, de sake  o cerúleo. Y el negro sólo es profundo de humo, de bujía o de marfil en las cuencas de los ojos y las bocas abiertas, en la tumba del cuadro “libro vip” (con todas las bendiciones de la cruz), y en el traje del personaje ilustre con alzacuello, pajarita, rosario y breviario; en los demás cuadros el negro está matizado, variando entre el negro té, negro teja o uva negra, negro oliva, de carbón o negro perla, hasta ser un gris marengo o negro gris.

Todas las figuras representan muertos, muertos de cuerpos o/y muertos de alma, no hay ni un sólo labio rojo, todos son blancos, blanco álamo o calavera, blanco arroz o de arcilla, blanco coral o de cáscara de huevo. Y el infinito está en la profundidad de los ojos vacíos y la boca abierta, túneles directos al averno. No obstante el color resalta en el conjunto, con la intención de aligerar el clímax para no asfixiarse por la fuerza y tenebrismo del cuadro, lo que se ajusta más al calificativo de cuadros negros que el color, dramatismo que recuerda a El Grito de Munch, una de las mejores disecciones de la angustia humana (aunque los de Munch sean en tempera, pastel y lápiz), y a las pinturas negras de Goya (estas sí en óleo), sin desmerecer a ambos en textura, tratamiento y composición.  

La crítica religiosa es más feroz que la política, aunque existe la posibilidad de que todos los estamentos estén representados de forma genérica bajo el signo vip, y un cuadro lleva la medalla del Congres, esto sin olvidar que Franco iba bajo palio.

El poder nunca perdona dos cosas, la inocencia y la belleza. Esta última representada por la flor blanca que asesina el soldado con la bayoneta, y la inocencia en esos cuerpos que viajan al espacio en féretros pequeños de tablones toscos claveteados, con una expresión de haber vivido el terror, con las cuencas de los ojos vacías de un negro abisal y la boca en un aullido mudo que increpa al cielo.

No quiero dejar de resaltar algo que veo en la serie negra de Ugarte, que va más allá de lo aparente, y es su transcendencia al tiempo. Tal vez él lo capta de manera inconsciente, como ocurre siempre que un artista auténtico se mete tanto en la obra que atrapa lo que los demás no vemos, bien sea el otro lado del espejo, el inconsciente colectivo o lo que sea la creación. Ese cuadro de siete soldados, que él llama centuriones con cascos y metralletas, me sugiere que bien pudieran ser soldados robots, puesto que estamos en una nueva era donde ya son realidad incipiente. Y no creo equivocarme en esta interpretación, porque habría que añadir, que en toda la serie como único paisaje parece que no estemos en la tierra, sino en cualquier planeta estelar, con cráteres, tierra infértil, desierto de cenizas, brumas, noche nevada y vacío infinito. Y si fuera la tierra, es que habríamos logrado su total destrucción.

Tal vez fue un acierto de Ugarte no querer exponer en su momento esta serie, porque hoy se diría que encaja perfectamente con los tiempos que vivimos de guerras, terrorismo, hambre, desigualdad social y fanatismo. Hemos retrocedido en derechos adquiridos, la libertad está coartada, la calidad de vida sólo existe para unos pocos privilegiados, estamos destruyendo la naturaleza, el miedo va ganando terreno, los campos de refugiados se están convirtiendo en campos de concentración y cada vez hay más pobreza y miseria sobre la tierra, sin que se haga nada por remediarlo.

No se me ocurre mejor crítica social y de denuncia, con continente y contenido logrado, que estos cuadros de Lorenzo Ugarte, desgraciadamente de rabiosa actualidad, donde se pone de manifiesto el dolor humano en ese negro de amplio espectro con esos ojos huecos y esas bocas que nos gritan desde las entrañas desgarradas, y que es imposible no oírlas salvo que ya estemos nosotros también muertos.

                                                                                                          Scardanelli (2)


(1)       Acontecimientos significativos de la década del 1970 al 1980: auge del terrorismo (IRA, RAF, ETA, etc.) Guerras (Vietnam, Camboya, Yom Kippur, Indo-Pakistaní, etc.) Invasión de Irán por los fundamentalistas islámicos. Ocupación de Uganda. Independencia de Bangladesh. Crisis del petróleo. Debilitamiento de la URSS y decadencia del comunismo. Fin de las dictaduras en Grecia, España y Portugal, ...
(2)       Es el nombre con que firma la poeta Encarnación Pisonero los textos sobre artes plásticas, miembro de AMCA, AECA y AICA.


                                                         del 21 de mayo al 16 de junio del 2017


Horario de la galería:
Mañanas X-J-V-S de 12:00 a 14:00 h.
Tardes M-X-J-V de 18:30 a 21:30 h.